jueves, 6 de octubre de 2016

EL ESPÍRITU PRESENTE

Hace muchos años, después de la muerte de su madre, una señora llamada Carla Giménez comenzó a sentir mucha soledad, no solo por la partida, sino también por la triste forma en que murió. Eso la llevó a aceptar con más dificultad su muerte, es por eso que los primeros meses sucedió que, al comenzar el día, lo que la levantaba era su voz diciendo:

¡Carla, Carla, levántate!¡Ya es tarde!

Y ella contestaba:

¡Ya voy!

Y desde ese tiempo ella arrancaba el día pensando que la madre la iba a esperar con el almuerzo, con la ayuda habitual que le daba antes de su muerte.
A partir de eso, todas las noches al finalizar el día, sentía pasos que andaban en la casa y voces que la llamaban por su nombre, además cuando la casa quedaba en silencio, en la habitación donde la madre había estado mucho tiempo enferma. Sentía que había personas hablando y veía el cuerpo de su madre tirado en la cama en un estado desastroso y moribundo, extendiendo su mano, pidiendo ayuda. En ese momento quería salir corriendo y tenía mucho miedo de entrar a esa habitación.

ELIZABETH MOLINA

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