Ésta es una historia que empezó al frente del Hospital, en un kiosco que tenía una cámara de seguridad. Una noche, al humilde kiosquero Juan se le ocurrió mirar con la cámara al frente hacia el Hospital y al lado del seguridad había una persona sospechosa con gorra, pantalón rayado y color de piel pálida. A Juan se le ocurrió llamar al oficial de seguridad para advertirle sobre esa presencia sospechosa. Lo llama y le dice "Oficial, soy Juan, el kiosquero, ¿no le resulta sospechosa la persona que hay cerca tuyo, a su izquierda?", y el oficial, tras mirar, contesta "pero Juan, no hay nadie al lado mío, ¿de qué hablás?
- Hay una persona al lado tuyo.
- No, Juan, acá no hay nadie.
Juan, sorprendido, salió afuera y miró y no había nadie. Entró al kiosco, miró la cámara y esa persona ya no estaba más.
Juan cerró el kiosco y se fue para la casa. Se duchó, comió y se acostó a dormir. El celular comenzó a sonar, era un número desconocido. Atendió y nadie respondió.
Al rato sonó el timbre, Juan fue y miró por la mirilla de la puerta: era la misma persona sospechosa que había visto por la cámara del kiosco, con gorra, pantalón rayado y ese color de piel pálida. Se asustó y volvió a la cama.
Volvió a sonar el timbre. Tomó coraje y fue hasta la puerta para volver a mirar y esta vez no había nadie. Dudó si abrir la puerta. Miró de nuevo y ahora estaba la persona pálida. Sentía miedo pero también deseos de abrir. Entre tanta duda, abre violentamente la puerta. Nadie. Pero sintió que un viento frío le atravesó el cuerpo. Desde esa noche, Juan no volvió a ser el mismo.
ALEX CORREA
- Hay una persona al lado tuyo.
- No, Juan, acá no hay nadie.
Juan, sorprendido, salió afuera y miró y no había nadie. Entró al kiosco, miró la cámara y esa persona ya no estaba más.
Juan cerró el kiosco y se fue para la casa. Se duchó, comió y se acostó a dormir. El celular comenzó a sonar, era un número desconocido. Atendió y nadie respondió.
Al rato sonó el timbre, Juan fue y miró por la mirilla de la puerta: era la misma persona sospechosa que había visto por la cámara del kiosco, con gorra, pantalón rayado y ese color de piel pálida. Se asustó y volvió a la cama.
Volvió a sonar el timbre. Tomó coraje y fue hasta la puerta para volver a mirar y esta vez no había nadie. Dudó si abrir la puerta. Miró de nuevo y ahora estaba la persona pálida. Sentía miedo pero también deseos de abrir. Entre tanta duda, abre violentamente la puerta. Nadie. Pero sintió que un viento frío le atravesó el cuerpo. Desde esa noche, Juan no volvió a ser el mismo.
ALEX CORREA
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