Lo profundo de las tinieblas
Que vacila en el saber.
Ciencia que no comprende
Razón que no responde.
Suceso de otro mundo
O quizá de un mundo de otros hechos.
Embota los sentidos y la cordura del que piensa.
Dicen que la niña se sacia del que sueña.
De hombres que martirizan, de impúdicos que no perdonan.
De temores que no sienten, De dolores que no lloran.
Secuencias que se alegan
se producen en la tierra -en el espejo de la tierra-
Trémulos de vehemencia
Artificio de la falacia
Todo se retoma en el hosco valle de la demencia.
Tentado me sentía, atónito al mismo tiempo
Decidido a sumergirme, Al universo del vacío,
Absorbido por presagios
Que perduraban en mi conciencia.
Ya pisando tierras de la vida, mas bien de la muerte,
Me ubicaba con firmeza, decidido a enfrentarme
Sea lo que fuese, sea lo que halle,
Mis ojos no le temen, el temor no me mortifica.
El tiempo ya transita
La oscuridad se revela
La luna es transeúnte
Y su brillo no perdura
Con ojos de quien no escucha, de quien no habla
divisando a lo lejos,
Horizontes invisibles, insectos del silencio,
Silueta del vestigio, es la presencia de quien asombra,
De quien deambula, con ausencia de la vida.
Con ahínca atención.
-¿Será una ilusión?- me pregunté con amargura
No había soñado con un ensueño,
No comprendía mutuamente.
Mis sentidos se apocaban, se extraviaban,
Se apretujaban por la fantasía de la locura.
Seguro con certeza, avisté a la visita,
¿Era que me llamaba? o tal vez ya enloquecía.
Sin saber motivo, sin siquiera preguntar,
Me dirigía al llamado, al margen de lo benigno
O al centro de la maldad.
Vislumbrando mi cercanía, el entorno no iluminaba,
Acercándome con esfuerzo
Hasta la inercia de la vida.
A distancia de la caricia, muy cerca para contemplarla
Su pálido rostro, semblante de su flagelo
Decrepito y esbelto, inmaculado como la luna.
Infundía su locura de extraña fisonomía.
Quizás ya pertenecía al espejo de la tierra
Quizás ya sea esclavo de la pericia del engaño.
Todo se reflejaba y yo débil de sentimientos.
No presenciaba su contextura.
Solo percibía el tormento
Y la silueta de la opacidad.
Con frenesí de vesania
Me arrastraba hasta el abismo
Pereciendo de esperanza
Cuando me llevaba por completo
Cuando de súbito momento.
Las imágenes se exiliaron –todo se apagó-
Atónito por lo visto, exhausto por lo soñado -o vivido-
Vacilante por lo tratado.
Mis asombros ya perecen, la experiencia cuenta todo.
Mis recuerdos son escasos.
No recuerdo ni su rostro ni su figura.
Mis sueños se tornan en pesadillas, aquellas tan reales.
Que me desprenden mil suspiros
Cuando dormito en el lecho de mi morada.
JUAN GALARRAGA
Que vacila en el saber.
Ciencia que no comprende
Razón que no responde.
Suceso de otro mundo
O quizá de un mundo de otros hechos.
Embota los sentidos y la cordura del que piensa.
Dicen que la niña se sacia del que sueña.
De hombres que martirizan, de impúdicos que no perdonan.
De temores que no sienten, De dolores que no lloran.
Secuencias que se alegan
se producen en la tierra -en el espejo de la tierra-
Trémulos de vehemencia
Artificio de la falacia
Todo se retoma en el hosco valle de la demencia.
Tentado me sentía, atónito al mismo tiempo
Decidido a sumergirme, Al universo del vacío,
Absorbido por presagios
Que perduraban en mi conciencia.
Ya pisando tierras de la vida, mas bien de la muerte,
Me ubicaba con firmeza, decidido a enfrentarme
Sea lo que fuese, sea lo que halle,
Mis ojos no le temen, el temor no me mortifica.
El tiempo ya transita
La oscuridad se revela
La luna es transeúnte
Y su brillo no perdura
Con ojos de quien no escucha, de quien no habla
divisando a lo lejos,
Horizontes invisibles, insectos del silencio,
Silueta del vestigio, es la presencia de quien asombra,
De quien deambula, con ausencia de la vida.
Con ahínca atención.
-¿Será una ilusión?- me pregunté con amargura
No había soñado con un ensueño,
No comprendía mutuamente.
Mis sentidos se apocaban, se extraviaban,
Se apretujaban por la fantasía de la locura.
Seguro con certeza, avisté a la visita,
¿Era que me llamaba? o tal vez ya enloquecía.
Sin saber motivo, sin siquiera preguntar,
Me dirigía al llamado, al margen de lo benigno
O al centro de la maldad.
Vislumbrando mi cercanía, el entorno no iluminaba,
Acercándome con esfuerzo
Hasta la inercia de la vida.
A distancia de la caricia, muy cerca para contemplarla
Su pálido rostro, semblante de su flagelo
Decrepito y esbelto, inmaculado como la luna.
Infundía su locura de extraña fisonomía.
Quizás ya pertenecía al espejo de la tierra
Quizás ya sea esclavo de la pericia del engaño.
Todo se reflejaba y yo débil de sentimientos.
No presenciaba su contextura.
Solo percibía el tormento
Y la silueta de la opacidad.
Con frenesí de vesania
Me arrastraba hasta el abismo
Pereciendo de esperanza
Cuando me llevaba por completo
Cuando de súbito momento.
Las imágenes se exiliaron –todo se apagó-
Atónito por lo visto, exhausto por lo soñado -o vivido-
Vacilante por lo tratado.
Mis asombros ya perecen, la experiencia cuenta todo.
Mis recuerdos son escasos.
No recuerdo ni su rostro ni su figura.
Mis sueños se tornan en pesadillas, aquellas tan reales.
Que me desprenden mil suspiros
Cuando dormito en el lecho de mi morada.
JUAN GALARRAGA